Bueno, hasta la periferia del Imperio no llegan todas las noticias de lo que ocurre en él o llegan tarde. Pocas de las noticias que he vivido casi inmediatamente por el despliegue han tenido tanto fulgor como la llegada de Barack Obama al poder en los EEUU.
Recordemos, Hillary Clinton y Obama se disputaban el liderazgo en el partido demócrata. Mientras, un casi desconocido senador republicano con nombre de patata frita (Mc Cain a más señas) hacía cameos con la gobernadora de una remota región de los EEUU intentando hacer sombra al famoso hombre negro.
Como casi todos sabíamos Obama ganó de calle. Tuvo que ocurrir para eso una conjunción de unas coyunturas muy adversas para el republicanismo retrógrado: haber perdido la guerra en Irak, la desfachatez del presidente anterior, el niño de papá, doble uve Bush, la total ausencia de carisma de sus contrincantes políticas, y el factor clave, la debacle económica que arrasaba y arrasa los EEUU.
La noticia de la victoria de Obama se nos vendió como un gran cambio en el rumbo del mundo. Al poco de llegar pareció que todo iba a girar en sentido inverso: Guantanamo se cerraría, sus torturas se publicarían y condenarían, y los culpables de ésta iban a pasar en la carcel el resto de sus vidas; se abrirían las fronteras con Cuba y se les permitiría desarrollarse en igualdad de condiciones con el resto de países del mundo; las prestaciones sociales iban a llover en abundancia sobre el pueblo norteamericano: seguridad social, sanidad, seguro de desempleo...
Pero he aquí que la primera medida que toma el ínclito gran hombre consiste en destinar miles de millones de dólares para pagar a los ejecutivos de las empresas financieras que nos llevaron al caos, consiste en nacionalizar los fondos basura que tenían en jaque a los grandes bancos, unas entidades que actúan con ánimo de lucro, y que son salvadas con el dinero del Estado. La compra de General Motors ha sido la última (por ahora) de esta larga lista de meteduras de pata de este negro que ha llegado a lo más alto a base de chuparle el culo a los blancos, de no meterlos en la cárcel cuando cometen un delito y de perdonarles, como ha hecho con Bush hijo, el niño de papá, la mayor cadena de despropósitos, acciones ilegales internacionales y abusos a los derechos humanos ocurridas nunca bajo el mandato de ningún presidente estadounidense.
Verán ustedes, a mí me cae bien Al Gore, porque estuvo a punto de ganarle a la familia Bush (esos sí eran oponentes de valía). Tras su derrota supo encauzar sus esfuerzos en algo que nos viene bien a todos: la lucha contra el cambio climático, contra la pobreza y el hambre en el mundo, etc. Así que cuando veo a un tipo muy bien vestido, muy aparente y que, no importando el color de su piel, es coreado tanto por los de su partido como por los del partido contrario, me hace sospechar.
Así, en su viaje a los países del Islam imparte una conferencia hablando de aislar a los violentos. Y entonces me pregunto si no ha sido violento EEUU al entrar a la fuerza en un territorio como Irak. Si no ha sido violento al llevar a la crisis y al hambre a tantos miles de personas en Africa y en el Tercer Mundo por culpa de la avaricia de sus niños de papá, aprendices de gurús financieros y que tan sólo se trata de unos desaprensivos consentidos que han llevado al mundo al borde de desastre. Así que me pregunto si antes de limpiar las cocinas de los otros, no debería Obama de limpiar la suya. Es que si no las hamburguesas de Burguer King van a saber a rancio, a pesar de que la carne venga importada de otros países donde esa carne no vale ni tres céntimos. Igual que la vida de los niños de esos mismos sitios.
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